CINCO OBSTÁCULOS PARA LA MEDITACIÓN

Cinco obstáculos para la meditación

Traleg Rimpoché

Traducción y edición: María Mercedes Márquez

Caracas, febrero, 2008

El primer obstáculo para la meditación viene a ser uno nada sorpresivo incluso para alguien que apenas comienza a recibir las enseñanzas. Hablamos de la flojera.  Aún cuando sabemos que la práctica de la meditación es importante y útil, aún entonces la flojera es algo tan poderoso que realmente no sabemos cómo lidiar con ella y poder trascenderla. Tenemos que reconocer los tipos de flojera que experimentamos. 

Existen tres tipos o clases de flojera mencionados en las enseñanzas.

El primer tipo de flojera es uno que todos conocemos: la pereza de la indolencia donde no queremos ser molestados. Todo lo que hacemos se vuelve un esfuerzo así que simplemente nos quedamos en casa, a lo largo sobre el sofá o en la cama viendo televisión.  Inclusive ir hasta la nevera para buscarnos algo de tomar es un esfuerzo. El punto aquí es que nada tiene atractivo para nosotros, nada puede estimularnos porque todo nos resulta fastidioso, poco interesante, así que no mostramos interés por ningún tipo de actividad.

El segundo tipo de flojera que experimentamos es el de quedar atrapados en todo tipo de actividades.  Siempre estamos ocupados haciendo cosas.  Nosotros pensamos que estar activos y constantemente ocupados no es una forma de flojera, pensamos que de hecho es lo contrario de la flojera, que es algo maravilloso estar activos.

Sin embargo, de acuerdo con las enseñanzas, esto es otra manifestación de la flojera. La flojera no sólo se manifiesta cuando no tenemos interés en querer hacer cosas sino también cuando colmamos nuestro tiempo y nos volvemos ocupadísimos, pues implica que nos privamos a nosotros mismos de la oportunidad de ser más reflexivos como para poder, por ejemplo, practicar la meditación. Así que no sólo son realmente flojas las personas que no son activas desde el punto de vista convencional, sino que aún aquellas personas que están siempre tan ocupadas que tienen algo que hacer cada segundo de sus vidas, aún ellos, están experimentando un tipo de flojera. 

Este tipo de flojera en particular hará que una persona tenga cada vez menos posibilidades de practicar la meditación.

El tercer tipo de flojera es aquel que se origina a partir de la falta de confianza en uno mismo. Pensamos: “otros pueden hacerlo y tienen la habilidad, ellos tienen el tiempo, tienen las comodidades, etc. etc., pero yo no tengo tal oportunidad, tampoco tengo la habilidad, ni las comodidades, por eso no puedo meditar”.  Este tipo de flojera puede presentarse e igualmente impedir que la persona pueda aprovechar la oportunidad de practicar.

A fin de poder trascender la flojera, lo cual es absolutamente esencial si es que deseamos practicar la meditación, primero tenemos que desarrollar la convicción de que la meditación es algo que realmente funciona. La convicción es pues algo importante, sin embargo, no existe una forma fácil de desarrollar convicción excepto diciéndonos a nosotros mismos una y otra vez que la meditación funciona y que es importante, y luego nos sentamos y lo hacemos y después nos sentimos mejor y luego etc. etc. etc. De modo que el primer antídoto que nosotros necesitamos utilizar contra el obstáculo de la flojera es la convicción.

Cuando existe convicción respecto a algo, cuando nosotros realmente pensamos que algo va a funcionar, inclusive con una situación o en un entorno difícil, eso traerá como consecuencia interés en sea lo que sea que estemos haciendo.  Tener interés conduce al vigor, a la energía, a la diligencia, así que deseamos continuar con la práctica. 

El interés nos dará la oportunidad de involucrarnos apropiadamente en la práctica y obtener beneficios.  Por el contrario, si no hay convicción no habrá genuino interés, y si no hay genuino interés entonces nosotros no podremos dedicarnos a lo que sea que consideremos importante.  En el caso particular de la práctica de meditación, no es nada diferente.  Si nosotros pensamos acerca de ciertas cosas durante tiempo suficiente, eventualmente eso va a tener algún efecto sobre el tipo de persona que llegamos a ser y también sobre lo que hacemos.

El segundo obstáculo para la práctica es conocido como el olvido.  Cuando meditamos y estamos utilizando la respiración como objeto de la meditación, seamos principiantes o llevemos cierto tiempo practicando, podemos perder el objeto, es decir, olvidamos centrarnos en la práctica. 

Esto es llamado el obstáculo del olvido. Para aprender a mantenernos en el objeto de la meditación necesitamos atención vigilante, lo cual viene a ser el antídoto utilizado para superar el obstáculo del olvido. En tibetano, atención vigilante o atención consciente significa literalmente “recordar”, así que recordar regresar al objeto de la meditación es lo que se entiende por atención.

Los próximos obstáculos que experimentamos son el embotamiento y la agitación, los cuales son agrupados juntos como el tercer obstáculo y ambos pueden ser superados con atención vigilante. 

Embotamiento significa que cuando estamos meditando no hay claridad aún cuando no estemos experimentando ninguna agitación real en la mente, ni la mente esté visiblemente perturbada por el surgimiento de pensamientos y emociones.  Simplemente no hay claridad.  Debido a la falta de claridad nos adormecemos y puede llegar a presentarse el estupor.  Si estamos meditando en grupo puede que nos quedemos dormidos, que comencemos a roncar y a despertar a los demás.  En todas las formas, la tendencia a dormirnos ocurre con frecuencia en la meditación.

Hay muchos tipos diferentes de embotamiento. Particularmente, nosotros podemos hablar acerca de formas sutiles y densas de embotamiento.  Denso viene a ser cuando usted se apaga por así decirlo y comienza a roncar, pero existen formas más sutiles de embotamiento donde está faltando la claridad mental por ejemplo cuando usted está presente, inclusive cuando usted está observando su respiración pero aún no hay claridad mental.  Esa es una forma sutil de embotamiento que puede ser experimentada.

Lo mismo es aplicable respecto a la agitación mental. Agitación mental densa se manifiesta cuando nos volvemos visiblemente perturbados por todo tipo de pensamientos asociados con la lujuria, con la ira o los celos, donde todo tipo de cosas surgen en nuestra mente.

También existen formas sutiles de agitación mental que ocurren y que nosotros comenzamos a notar a medida que vamos practicando la meditación.  Al principio puede que no lo hayamos notado pero a su debido tiempo, comenzamos a volvernos más y más atentos y conscientes de las formas sutiles de agitación mental. La atención vigilante es utilizada como un antídoto para lidiar con el embotamiento y la agitación.

La diferencia entre estar atento y estar conscientes es que la atención es algo que tenemos que aplicar al principio de nuestra práctica a fin de poder permanecer con el objeto de la meditación y hay una gran cantidad de esfuerzo involucrado en ello. A medida que nuestra habilidad para permanecer con el objeto de la meditación aumenta, la habilidad para poder estar conscientes de lo que está sucediendo en la mente también aumenta. Así que la atención vigilante está relacionada con ver en qué tipo de mente estamos durante la meditación.  ¿Está presente el embotamiento o está presente la agitación?

Si la habilidad para aplicar el antídoto de la atención plena no se ha desarrollado suficientemente será imposible aplicar conciencia pues si el meditante no puede permanecer con el objeto de su práctica, le será por consecuencia muy difícil estar consciente de lo que está sucediendo en la mente. Por ello, para una persona que apenas comienza la práctica de la meditación es muy importante poder en verdad permanecer con la respiración en lugar de tratar de estar consciente de lo que está sucediendo en la mente.

El cuarto obstáculo es llamado no-aplicación y sucede cuando nos olvidamos de prestar atención y aplicar conciencia mientras estamos meditando. Obviamente necesitamos utilizar el antídoto de la aplicación, lo que quiere decir que debemos tratar de recordarnos de la importancia de utilizar particularmente los antídotos de la atención vigilante y la conciencia.

El quinto obstáculo es llamado sobre-aplicación, lo cual significa que el que medita está tan paranoico de que puedan surgir estos obstáculos, que constantemente está tratando de aplicar la atención vigilante y la conciencia con una actitud de gran rigidez respecto a todo el asunto.  Este último obstáculo puede ser superado con el antídoto de la ecuanimidad –relajar la mente y no estar siempre pensando que debemos utilizar uno u otro antídoto, sino simplemente relajarse en el estado meditativo ausente de tensiones.

El mismo Buda dijo que la forma en la que nosotros hacemos uso de la atención vigilante y de la conciencia debe ser similar a la forma en la que un virtuoso guitarrista afinaría su guitarra: las cuerdas no deben estar ni muy tensas ni muy flojas. De igual modo, si nosotros tratamos exageradamente de aplicar la atención vigilante y la conciencia, obtendremos el resultado contrario: nos volveremos más agitados y más perturbados. 

Pero si por otro lado no los aplicamos suficientemente, hay problemas.  Aquí debe haber un verdadero balance.

Aun cuando aquí no detallaremos las nueve etapas de la meditación shámata, estas etapas están íntimamente relacionadas con los cinco obstáculos mencionados anteriormente y la utilización de los antídotos apropiados para cada caso en particular.  Al comienzo encontramos muy difícil centrar la mente, luego de algún tiempo aprendemos a hacerlo en cierta medida y entonces podemos sentir una sensación de alegría e inspiración pensando “ahora yo puedo meditar y la meditación me calma y todo está bien”.

Después de eso, puede que comencemos a sentir que vamos hacia atrás porque en la mente surgen muchos más pensamientos y emociones, pero es simplemente que antes no lo habíamos notado en la forma en la que lo estamos haciendo ahora.  Es importante darse cuenta de que no se debe a la meditación el que ahora tengamos más pensamientos y emociones surgiendo constantemente.  Por el contrario, es debido a la meditación que nos hemos vuelto más atentos y conscientes respecto a lo que está sucediendo en la mente.

En lugar de desanimarnos y pensar “hoy mi meditación estuvo malísima, mi mente estaba de un lado para otro”, debemos darnos cuenta de que el simple hecho de que sepamos que nuestra mente estaba de un lado para otro, es un indicativo de que la meditación ha tenido un impacto y que ha estado funcionando.  Si hubiésemos estado completamente distraídos y no hubiésemos podido hacer uso de la atención vigilante y de la conciencia, entonces nunca habríamos podido reconocerlo.

............................